De los nombres de las galeras en el siglo XVI

Imagen de portada: Carlos Parrilla Penagos

Cuando empezamos a trabajar en la investigación sobre el desembarco de los Tercios en Cornualles (1595), una de las dificultades que tuvimos que afrontar era la de los nombres de las galeras, pues en la literatura nos encontramos con un batiburrillo de denominaciones que mezclaban aspectos administrativos, de combate o de construcción.

En consecuencia, hemos querido aportar un poco de luz sobre este asunto para entender qué embarcaciones tomaron parte en aquella exitosa expedición.

¿La plataforma naval más longeva?

Desde muy antiguo se conocen embarcaciones propulsadas por remo y vela. En el antiguo Egipto, este tipo de propulsión mixta ya era popular y se extendería por la historia en las naves griegas, púnicas, romanas y bizantinas. Y es de esta última procedencia de donde van a derivar las galeras: del dromón bizantino.

Sin querer entrar en detalle sobre su evolución, diremos que las galeras fueron desarrollándose a lo largo de su extensa historia hasta bien entrado el siglo XIX, llegando a convivir con los barcos de acero y vapor.

Sin embargo, su período de máximo esplendor sería durante los siglos XVI y XVII, principalmente en el mar Mediterráneo, pero también en el océano Atlántico e, incluso, en las costas del Nuevo Mundo.

Orden de batalla

En esta época la galera se convirtió en una plataforma naval con la que combatir en muchos escenarios. Su rapidez, su maniobrabilidad y la capacidad de transportar a la “gente de guerra”, capaz de abordar otras embarcaciones o de proyectarse sobre tierra, las hicieron un recurso bélico indispensable en muchos teatros de operaciones.

Pero las galeras no operaban habitualmente en solitario. Por lo general, lo hacían en pequeños grupos, las escuadras, o en grupos más amplios, acompañando a otros tipos de naves: naos, galeones, galeazas…, en lo que hoy podríamos denominar “grupo de combate”.

Y esto hizo que no todas las galeras fueran iguales.

Tipología de las galeras

Aun en ausencia de una normalización en la construcción de estas embarcaciones en el siglo XVI, se observa una especie de “convergencia adaptativa” en la que la experiencia acumulada lleva a diseños muy similares, con sus correspondientes matices.

De esta forma nacen los tres tipos principales de galeras: capitanas, patronas y ordinarias, condicionadas por el número de bancos para los remeros y de remeros por banco, lo que, además, va a condicionar la eslora. En la siguiente tabla podemos ver las diferencias:

TipoBancos por bandaRemeros por banco
Capitana29/286
Patrona27/265
Ordinaria26/255

Como se puede observar hay una asimetría en el número de bancos por banda. Originalmente dicha asimetría no existía. Una bancada ausente en una banda alojaba el bote auxiliar para el barqueo y maniobras en puertos y fondeaderos. En la banda contraria otra bancada ausente permitía alojar el fogón, en el que se cocinaban los alimentos de la dotación (cuando las condiciones meteorológicas permitían hacer fuego a bordo sin riesgos).

Posteriormente, el bote auxiliar se montó en una superestructura elevada, permitiendo alojar un banco y espacio para los remeros bajo su quilla. Esta disposición produjo la asimetría que refleja la tabla anterior.

Otras denominaciones

Siendo los anteriores los que podemos considerar como tipos básicos, en la literatura aparecen otras denominaciones como, por ejemplo, galeras bastardas, refiriéndose generalmente a galeras distintas a las ordinarias.

Un caso especial son las galeras reales, que eran galeras capitanas construidas para el uso de los reyes y su séquito, lujosamente ornamentadas.

Del concepto náutico y bélico de la galera surgieron “hermanos mayores”, como las galeazas, y “hermanos menores”, como las galeotas, fustas, bergantines y fragatas, todos ellos basados en propulsiones mixtas de remo y vela.

La escuadra de galeras

Considerando el orden de batalla y la tipología, nos podemos centrar ya en las escuadras, una agrupación naval de combate cuyo buque insignia era la galera capitana, desde la que se ejercía el mando tanto de la escuadra como de la propia galera, y que tenía como segunda al mando a la galera patrona, capaz de reemplazar en el mando a la capitana en caso de encontrarse fuera de combate. Las galeras patronas desaparecerían del orden de la escuadra en el siglo XVII.

La agrupación naval se completaba con un número variable de galeras ordinarias, en función de la disponibilidad o de los objetivos de la misión.

Las escuadras estaban sometidas a un escrupuloso entrenamiento tanto individual como en conjunción con otras unidades de la escuadra y se practicaban las maniobras, algunas tremendamente complejas, que debían realizar tanto en navegación como en combate. Debemos de considerar que, cuando entraban en combate, las galeras lo hacían exclusivamente propulsadas a remo, teniendo no sólo que recoger el velamen, sino también abatir los mástiles, una maniobra extremadamente compleja. La extraordinaria maniobrabilidad de estas embarcaciones permitía realizar operaciones capaces de enfrentarse a otras naves potencialmente muy superiores.

Por último, señalaremos que la galera capitana estaba dotada en la popa de al menos un fanal de grandes dimensiones que servía como referencia al resto de la escuadra en la oscuridad de la noche.

De los nombres propios

De todos es conocido que las embarcaciones de cualquier tipo suelen recibir un nombre propio a propuesta de su armador. En las naves españolas de la época era muy habitual el utilizar nombres de santos o advocaciones, con algunas excepciones. Otras recibían apelativos o motes, algo que perdura hasta nuestros días.

En el caso de las galeras del siglo XVI no hay demasiadas referencias al santoral o a las advocaciones y en la literatura encontramos muchas dificultades para identificar cada nave con su historial.

De hecho, en las fuentes primarias consultadas para el desarrollo del trabajo sobre el desembarco en Cornualles, encontramos que se mezclan tipologías con nombres propios. Así, las cuatro galeras participantes quedaron denominadas como capitana, patrona, Princesa y Bazana, o sea, dos con nombres tipológicos y otras dos con nombres propios.

Para indagar más sobre las características de las mismas, estuvimos consultando el excelente corpus documental La batalla del Mar Océano, pues sospechábamos que las galeras que tomaron parte en el desembarco podrían haber sido las mismas cuatro que tomaron parte al principio de la expedición de la Gran Armada y que tuvieron que desistir de acompañarla debido al mal tiempo encontrado desde la salida de La Coruña.

También encontramos documentación que indicaba que la escuadra de tres galeras enviada en 1590 a Blavet no tenía la misma composición que la que tomaría parte en la expedición de 1595, ya que el mal estado de las primeras haría que fueran reemplazadas por las cuatro que llegaron al mando de Diego Brochero que, definitivamente, constituirían la fuerza de combate.

Referencias bibliográficas

Calvar Gross, Jorge (Editor) (1988). La Batalla del Mar Océano: corpus documental de las hostilidades entre España e Inglaterra (1568-1604). Ministerio de Defensa (España).

Colección Juan Sanz de Barutell. Relación de lo sucedido en el viaje que por orden de S.M. a hecho el Capitan Carlos de Amezola con las quatro Galeras de su cargo en la costa del Reyno de Ynglaterra. AHA JSE Ms 392.

Fondevila-Silva, Pedro, Chaín-Navarro, Celia y Sánchez-Baena, Juan José (2023). Las galeras españolas en la Edad Moderna: evolución, arquitectura y navegación. Sílex Ediciones.

Imagen de Jorge Bañón

Jorge Bañón